Como la mayoría, llegué a Auckland con la intención de estar una semana haciendo las pequeñas burocracias necesarias y partir luego a nosedónde, probablemente instalarme en alguna playa, o algo así.

Los primeros 2 días fueron de esa forma, una que otra recorrida por el centro y el puerto y otra no tan corta caminata a todos los bancos, correo y demases. A todo esto, no quería irme sin conocer un poco más de la ciudad y, sumado a que un fantástico miembro de Couchsurfing insistió en que no me quería alojar por menos de 8 días (que al final fueron como 2 semanas) decidí quedarme un poco más.

Finalmente, el timing (creo que no tenemos palabra en español que se ajuste tan bien al momento) eligió por mí y me mantuvo aquí por 3 meses, eran principios de Noviembre y todas las empresas estaban contratando para prepararse a la temporada de verano lo que me dio la oportunidad no solo de comenzar a trabajar en mi área a una semana de haber llegado a la ciudad, sino que me di el lujo de elegir dónde trabajar (cosa que no habría pasado después de Diciembre, cuando todos ya contrataron y se hace más difícil la búsqueda).

Auckland es la ciudad más grande del país, con poco más de 1 millón de habitantes, aunque la capital se encuentra más al sur y es Wellington, que se convirtió en capital nacional por encontrarse geográficamente con acceso más conveniente para quienes viven en la isla sur (que es donde estaban las mayores empresas inglesas décadas atrás).

En el centro se encuentra la Sky Tower, una torre de 328 metros que se muestra imponente desde distintas partes de la ciudad y alrededor se encuentra la zona comercial (o de negocios) llamada CBD, y luego el resto de los barrios parecido a lo que nosotros llamaríamos “zona residencial”.

Durante estos 3 meses viviendo acá pude conocer la ciudad; lo primero que me llamó la atención es la limpieza en todos lados, hay algunas calles que parecen una copia de The Truman Show, y hablo de calles realmente concurridas, no de lugares donde no pasa nada.
La sensación de seguridad es increíble (no recuerdo haber caminado por algún otro lugar sin estar atento a la posibilidad de arrebato de mi mochila), de hecho me sorprendió saber que una de las cosas por las que somos conocidos es tener “una especie de barras de hierro en las ventanas, como si estuviéramos encerrados”… y si, acá las rejas no existen, es más que común encontrar garajes abiertos o incluso muchas casas comparten una entrada en común y nadie se cuida de los demás.
En la casa donde me estuve alojando, estaban esperando un paquete del correo y, por las dudas que no se encuentre nadie para recibirlo, el dueño de la casa decidió simplemente decirle por teléfono a la persona del correo dónde guardaba la llave de repuesto para que el cartero pueda entrar a su casa si no se encontrase nadie allí; de hecho, una de las chicas le preguntó si era seguro viajar de noche en colectivo hasta su casa e inocentemente, el dueño respondió que era muy difícil perderse, incluso de noche, ja! Igual no es que sea un paraíso, ¿por algo está la policía dando vueltas, no? Pero, por ejemplo, mi cámara de fotos ni loco la saco por todos lados en Buenos Aires, como lo hago acá.

Si los atractivos naturales son la mayor fortaleza de los lugares alejados de la ciudad, los eventos culturales y deportivos son los predominantes dentro de la misma, además de la variedad de música local tocando en vivo, siempre se encuentran grandes artistas internacionales (y de todos los géneros) dando algún recital y eventos deportivos de distinto tipo (también es común encontrar exposiciones de arte y esas cosas pero no es mucho mi onda). En fin, actividades para hacer y lugares para ir hay un montón, aunque los precios de las entradas no suelen ser nada generosos.

En el centro de Auckland, la mayoría de los habitantes son extranjeros (algunos residentes, otros no) principalmente de Corea del Sur, China, India y países del medio oriente, por lo que no es nada extraño encontrar carteles escritos en chino o coreano, de hecho, la oferta gastronómica abunda con comida típicas de esos países a tal punto que los neozelandeses están más acostumbrados a una mezcla de la cocina Inglesa-Francesa con el sabor extra picante de las cocinas asiáticas.

En mi experiencia, la gente local hizo más que mérito de su fama de hospitalidad, aunque a veces eso también depende de cómo uno se relacione, ¿no?


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